Sembré amapolas sobre campos desiertos. Cubrí un horizonte de soledad y hastío donde la tierra seca y hostil gritaba angustiosa por ser querida. Pose mis manos en cada palmo de ella sin darme cuenta de que mis manos quemaban todo aquello que tocaba. Condené mi propia tierra, mi propio sueño, su sueño.Quedo desolada la historia. Ni las amapolas crecieron de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario